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El Cubo y la Copa

El verano para los futsaleros es como la apertura de veda para un cazador con una escopeta de boliches. No hace falta ser un aristócrata del balón, ni siquiera entre tus más allegados, para inscribirte en una competición que no exija un compromiso alargado y tan exigente a los ojos del jugador amateur como una temporada y con la ventaja de ser lo suficientemente corta como para que si llega la hora de que te eliminen, aún quede tiempo para tomarse una cerveza y disfrutar del domingo. Los maratones de verano son así. Como la gastronomía local, muy suyos y de arraigo.

Cuando te tiras todo el año compitiendo y empiezan los calores lo único en lo que piensas es en dejar el balón en la mochila y descansar. Sin embargo, los maratones tienen ese "no se qué" que te llama. Tienen denominación propia. Juego y sensaciones muy distintas cuando no tienes un reglamento claro controlándote. En los maratones hay un perfil muy seguido que es el "equipo del pueblo": un equipo que se crece ante los grandes, que sin tener una ideología clara de juego, consigue ser un resultista ganador, con gen "mourinhista" que consigue al fin y al cabo lo más importante, meter la pelotita.

Ese perfil me viene a la mente cada vez que veo jugar al Bar Cubo en la Copa. Y acentúo lo de "en la copa" puesto que en División de PLATA han tenido la libertad y el margen de poder jugar al toque y abrir nuevos horizontes. Tal y como el camaleón que depende de dónde se pose, el Bar Cubo se "metamorfosea" ante su rival. En la Copa han tenido hasta el momento dos choques frente a rivales de División de ORO: Restaurante La Ruta en fase previa (empate 2-2) y Viveros La Mezquita(victoria 4-3).

Cuando a veces bromeo con otros jugadores y amigos sobre la condición de este equipo y su "Vieridependencia" más me callan la boca (es algo que desde el punto de vista futsalero agradezco, al igual que en la política, la variedad es buenísima). Su sistema sigue el perfil de "equipo de pueblo": encerrados atrás (casi metidos en el área de penalti), no quieren la posesión, se nutren de robos y jugadas a la contra y despistes del rival, etc. En definitiva lo que muchos denominan el fútbol sala prehistórico, pero no por ello menos efectivo. 

En su último partido, Viveros La Mezquita dominó al Cubo, y es así. Maniató por completo la posesión, hacían correr a los jugadores del Cubo detrás de balón y rozaron el gol en varias ocasiones. Sin embargo un robo al último jugador (pecado capital en el fútbol sala) originó dos de los cuatro goles de los cuberos. Tácticamente (y técnicamente) el conjunto naranjino era mejor: el juego de Valero y García unido al recurso de Ramón como pívot son tres patas que cualquiera querría para un banco, sin embargo el Bar Cubo lo contrarrestó mediante "piernas", "muchas piernas" y sin olvidar a Dani "Cafú", otro de los "culpables" de que el Bar Cubo haya conseguido el pase. 

En cuanto a la "Vieridependencia", este partido es otro de los que sirven para erradicar o disminuir la importancia del término. David Lara "Vieri" apenas jugó un par de minutos para volver al banquillo por un pinchazo en el muslo que lo dejó fuera del resto del partido. Esto hace resaltar otros jugadores que cumplen su función, donde la elevada intensidad que rige en todos (en algunos de forma algo desmesurada) hacen posible la victoria en el partido. Esto no siempre es positivo pues, tal y como anunciaba una reconocida marca de neumáticos: "La potencia sin control no sirve de nada", lo que en la cancha viene a decir que ir al 120% a veces conlleva un elevado número de faltas y en menor medida, puesto que depende de la actuación arbitral, número de tarjetas (paradójicamente Bar Cubo y Viveros acabaron con dos tarjetas amarillas cada uno).

En definitiva, este artículo viene a resaltar que el Bar Cubo es un equipo que sigue creciendo y en contra de lo que muchos podrían dictaminar, puede hacer frente a los grandes, ya empató a Restaurante La Ruta (campeón liguero) y ha vencido a Viveros ( 3º en División de ORO). Su próximo reto llega ante La Parrilla, un equipo que de igual manera se distingue por la intensidad y velocidad de sus jugadores pero con un distintivo muy claro, su efectividad al segundo palo. Lo que no va a estar a buen seguro es aburrido. A disfrutar de las semifinales de Copa, aún nos queda temporada en Cuenca.

Mario Gómez Osuna
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